Psychonaut

domingo, 23 de abril de 2017

El arte de la desobediencia

Uno de mis primeros recuerdos de la escuela es de cuando tenía cinco o seis años. Estaba en clase de dibujo con mis compañeros y nuestra maestra, Victoria, nos mandó colorear una figura, de una chica creo. Al poco de empezar Victoria pasó por mi mesa y me llamó la atención por estar coloreando fuera de las líneas. La tarea me pareció tan absurda que supuse que luego habría que recortar el dibujo o algo así y ahí estaría la gracia, por lo que ignoré por completo las líneas del dibujo y me dediqué a colorear según me apetecía.

Ese fue un momento bien grabado en mi memoria, ya que originalmente fue una decisión creativa, pero fue interpretado como simple desobediencia. Por supuesto que todos hemos pasado algo similar; antes del arte se encuentra la pura creatividad infantil, y la obediencia y la disciplina, mientras que en su justa medida pueden potenciar y encauzar esta creatividad, rara vez se utilizan en este sentido. No me extraña el estereotipo del artista loco y frustrado, o la idea de que la desesperación y el sufrimiento pueden llevar al genio a su obra maestra. Así es no por la naturaleza torcida del arte sino por el corazón muerto de la sociedad moderna.